TCS

Ir abajo

TCS

Mensaje por Admin el Mar Nov 30, 2010 2:18 am

PRÓLOGO


Hace mucho tiempo, en los albores de la historia, existía una gran piedra sagrada que mantenía el equilibrio en el mundo: se conocía como la Piedra Sagrada. La piedra también albergaba todos los sentimientos negativos manteniendo así la paz en el mundo.

Sin embargo, un día, por razones desconocidas, la piedra empezó a resquebrajarse poco a poco pero inexorablemente hasta que estalló en millones de trocitos. Esto rompió el equilibrio en el mundo y liberó la maldad sobre los hombres, acabando con la paz y surgiendo las guerras, los temores, la codicia, el egoísmo... el mundo ya no era un lugar seguro.

Los humanos, ahora ansiosos de poder, tomaron los restos de la Piedra Sagrada que tenían poderes sobrenaturales y las usaron para mantener la paz a su manera surgiendo así los primeros imperios. Aún había esperanza de que algún día alguien fuese capaz de reunir todas las piedras y volver a formar la Piedra Sagrada.

Todas aquellas personas que se hicieron con las piedras, fueron muriendo paulatinamente y sus descendientes empezaron a usar las piedras para motivos cada vez más egoístas. Así lo que una vez consiguió el padre fue ignorado por el hijo y finalmente despreciado por el nieto; pocos fueron capaces de educar bien a sus herederos para hacer un buen uso de la piedra y así comenzó una guerra en la penumbra por reunir la mayor cantidad de piedras posibles, codiciando el poder.

Y así pasó el tiempo...

En la actualidad, en pleno siglo XXI, las piedras aún existen y la guerra aún se mantiene. Todavía se transmiten las piedras de generación en generación al progenitor de cada familia pero también se mantiene el deseo de poder. Hoy en día, cada familia aún sigue buscando reunir la mayor cantidad de piedras posibles para fortalecerse y obtener la supremacía sobre la humanidad: el poder de un Dios.

Aunque por suerte, también queda bondad en el mundo y aún hay personas que han decidido acabar con la guerra y con las piedras de una vez por todas; o bien reuniéndolas en la antigua Piedra Sagrada o bien queriendo destruirlas para acabar de una vez por todas con la codicia.

Admin
Admin

Masculino Cantidad de envíos : 54
Edad : 30
Fecha de inscripción : 01/04/2008

Ver perfil de usuario http://thecursedstones.foroes.org

Volver arriba Ir abajo

Re: TCS

Mensaje por Admin el Mar Nov 30, 2010 2:24 am

Capítulo 1

Aún recuerdo los últimos meses en que mi vida cambiaría para siempre.

Corría el año 2015; yo era un joven prometedor e inmensamente rico que llevaba una vida normal en Venecia: fiesta, mujeres, sexo... Lo normal en un hombre de mi edad, pero eso me había hecho perderme las mejores cosas de la vida: el amor, la amistad, la familia...

Hacía ya cinco años que había perdido a mi familia entera en un trágico suceso, o como yo lo llamaba: un ajuste de cuentas. Mi madre hacía nueve, mi padre hacia siete y mi hermano hacía cinco, dejándome solo en el mundo con toda la herencia familiar, una bonita piedra con “poderes mágicos” y muchas ganas de desperdiciar mi vida ahogándome en drogas, alcohol y sexo.

Cualquier hubiera dicho que fueron los mejores años de mi vida. Me acostaba con las mujeres más bellas, montaba las fiestas más animadas de la ciudad, tenía más fortunas que el príncipe de Mónaco, coches, trajes, sirvientes... pero nadie con quien compartirlos. Solo una panda de “chupasangre” que únicamente me querían por la fortuna.

En realidad, mi fortuna no era heredada, las razones aparentes de las muertes de mi padre y hermano fueron por las propiedades que tenían, mi hermano las heredó de mi padre y yo sería el siguiente en recibirlas y el siguiente en morir, si no fuera porque me deshice de todas ellas. Mis fortunas adquiridas fueron gracias a la piedra mágica de mi padre que controlaba el Espacio.

No voy a remontarme a clases de física para contaros como funciona dicho poder, pero básicamente podía tele transportarme a cualquier lugar que visualizara en mi mente y así robé decenas de bancos sin que nadie se enterara. Mis fortunas no conocían fin e incluso estuve a punto de hacerme una bodega secreta como la del tío Gilito para bañarme en mis riquezas.

Sin embargo, esa vida no me llenaba, viví demasiado rápido; me cansé del dinero, me cansé de las mujeres, me cansé de los “chupasangre”, me cansé y perdí las ganas de vivir, sin embargo, encontré dos nuevas razones casi a la vez.

La primera fue mi venganza, quería descubrir quienes mataron a mi familia y vengarme, la única pista que tenía era la piedra, así que debía buscar a más gente que tuviera piedras como la mía e indagar.

La segunda vino con la primera, al empezar a indagar conocí a la primera persona que tenía una piedra. Sez Argonar, una preciosa griega de armas tomar que tuvo una vida parecida a la mía en algunos aspectos, pero me consideró su enemigo cuando le conté mi objetivo de reunir las piedras para que no volvieran a ser usadas para el mal, ella por su parte quería destruirlas. Me pareció una mujer de las que no había encontrado en mi vida, madura, bella e independiente, con un gran carácter y fuerza y “decidí” que tenía que ser mía.

Admin
Admin

Masculino Cantidad de envíos : 54
Edad : 30
Fecha de inscripción : 01/04/2008

Ver perfil de usuario http://thecursedstones.foroes.org

Volver arriba Ir abajo

Re: TCS

Mensaje por Admin el Mar Nov 30, 2010 3:02 am

Si lo que decía Toño era verdad, esa Piedra seguro que había sido creada como última arma para esta guerra, con ella ni siquiera las Piedras de Sez y mía podrían hacer nada, se volverían inútiles, tenía que destruirla a cualquier precio.

-Toño, mañana te toca hacer de canguro, tengo que ir a Varsovia a destruir esa Piedra –sin embargo no fue Toño quien respondió, sino Emma.

-¿A dónde vas, Fab? –preguntó preocupada.

-A hacer un trabajo, pequeña –dije poniéndome de cuclillas para ponerme a su altura. –Pero no te preocupes solo serán unas horas, cuando quieras darte cuenta ya habré vuelto.

Ella no dijo nada, solo volvió a abrazarme como solía hacer con frecuencia, sus abrazos me derretían tanto o más que los que Sez me dio aquella noche. Salvo porque ella era un ser puro y sus abrazos eran más sinceros todavía, el cariño que aquella niña me había profesado en tan poco tiempo, estaba haciendo mella en mí, pronto no podría deshacerme de ella y eso sería un problema para los dos.

-Además, aún no me voy, hasta mañana queda tiempo.

La niña volvió a quedarse en silencio, se apartó de mí, se quitó la Piedra y me la ofreció.

-Toma, Fab. No quiero que te pase nada malo.

Eso me hizo trizas, me había dado la Piedra por la que sus padres murieron, aunque quizá no era consciente de ello.

-No –dije volviendo a guardarla en su mano. –Esa es tuya, yo tengo la mía. Si me la dieses y te ocurriese algo malo nunca podría perdonármelo. Te juro que volveré de una pieza y volveremos a ir al parque.

-¡Si, al parque! –volvió a sonreír mientras le ayudaba a volver a ponerse la piedra al cuello, era su bien más preciado, lo único que le quedaría de sus padres.

-Ahora ve a la cama, que voy en un momento.

Emma accedió y se fue corriendo a mi cuarto dejándonos de nuevo a Toño y a mí solos.

-Le estás cogiendo demasiado cariño, jefe.

-No me lo recuerdes –suspiré. –No sé que hacer con ella, si se la doy a servicios sociales seguro que los de la Agencia irán tras ella, si le quito la Piedra los de la Agencia seguro que el coste y el tiempo que se habrán tomado en conseguirla no la dejarán viva o la usarán en mi contra y si me la quedo... –volví a suspirar. –La pondré en peligro igualmente.

-Es un asunto delicado –simplemente respondió mi subordinado. –Quizá podrías mandarla bien lejos, con alguien de confianza.

-¿De confianza? Solo te tengo a ti, Toño.

-¿Y Sez?

-¿Sez? –suspiré abatido por enésima vez. –Ella está metida tanto o más que yo en el ajo, además, algo me dice que no le gustan los niños. No, me temo que tendré que quedarme con ella.

Me fui hacia mi dormitorio dejando a Toño con los ordenadores y vi a Emma esperándome en la cama como una niña buena.

-¿Me volverás a contar el cuento de ayer? No lo recuerdo.

-Eso será... –dije sentándome en la cama y tocándole la nariz- porque te quedaste dormida.

-¿En serio? –dijo muy sorprendida.

-Como lo oyes –respondí muy serio.

-Mientes... –comentó juguetona.

-¿Ah, sí? –y empecé a hacerle cosquillas por llamarme “mentiroso”.

-¡No, para, para! –gritaba derrotada.

-Para que no vuelvas a llamarme mentiroso –le dije parando.

-¡Mentiroso! –volvió a tentarme.

-¡Ahora verás! –dije matándola a cosquillas. Estaba tan sumamente indefensa y yo era tan abusón.

-¡Ya, basta, basta! ¡Te juro que no volveré decírtelo! –no paraba de reír y me detuve.

-Ojalá Sez fuera más como tú –sonreí.

-¿Quién es Sez? –preguntó ella.

-Alguien muy importante para mí pero que no me quiere como tú. Si me quisiera como me quieres tú, yo sería muy feliz.

-Yo te veo feliz.

-A veces las apariencias engañan –aunque quizá no distaba mucho de lo que decía.

Cuando estaba con Emma mi vida cobraba sentido, proteger a esa niña se había vuelto un nuevo cometido para mí, quizá era hora de hacer borrón y cuenta nueva. Sez nunca me amaría y no tenía sentido amarla. Quizá no estaba hecho para hacer una familia y Dios había hecho llegar a Emma a mi vida para que fuese mi familia, había tenido una buena madre, yo sería un buen padre.

-No estés triste, Fab. O yo también me pondré triste.

-Vaya, entonces nunca tendré que ponerme triste, no puedo permitir que una niña tan buena como tú esté triste.

Simplemente sonrió y le di un beso en la frente, cada segundo que pasaba con ella la quería más como me pasaba con Sez.

-¿Me vas a contar el cuento? –puso cara de niña buena.

-Oh, claro –dije acomodándome- espero que no te quedes dormida esta vez.

Ella simplemente afirmó y yo empecé a contarle la historia que tanto le conmovía.

-Hace mucho tiempo, no se sabe con exactitud...

-¿Hace cuanto? –me interrumpió.

-Pues no sé, Emma. Mucho antes de que tú nacieras –se volvió a callar expectante a que prosiguiese. –Existía una gran piedra sagrada que guardaba la paz en el mundo...

-¿Qué es la paz, Fab? –volvió a interrumpirme.

-Es... –pensé detenidamente como explicárselo a una niña. –Cuando no hay guerra y todo el mundo es feliz porque no tienen miedo a salir a la calle –volvió a quedarse callada esperando que siguiera. –La piedra no solo guardaba la paz, también escondía dentro de ella todas las cosas malas del mundo...

-¡¿Cómo las arañas?!

-No, Emma, las arañas no. Lo que guardaba la piedra era sentimientos malos: el dolor, el miedo, la ira... Pero un día, de alguna manera que nadie se logró explicar, la piedra ¡explotó! –hice un gesto mientras gritaba para que se metiera en la historia- y liberó todo ese mal por el mundo.

-¿Por eso tengo miedo por las noches y me enfadaba con papá?

-Sí, ahora puedes tener miedo y enfadarte porque la piedra se destruyó.

-Entonces hay que volver a construir una nueva.

-Ja, ja, ja –reí divertido. –Cada vez me pareces más inteligente –sonrió satisfecha y proseguí. –La piedra al explotar se hizo muchas pequeñas piedras que son las que tú y yo llevamos ahora y cada una tenía un poder especial. La gente, asustada por todo el mal que había asolado el mundo, decidió usar las piedras para proteger a la gente del miedo y de la ira, pero... era una tarea muy difícil, el tiempo fue pasando y la gente se fue olvidando de este arduo trabajo y las piedras empezaron a usarse para otras cosas.

-¡Fab! –me interrumpió por enésima vez.

-¿Qué?

-¿Por qué no las usamos tú y yo para volver a proteger a la gente del miedo? –preguntó curiosa.

-Mmm... Porque hay mucha gente en el mundo, Emma. Tú y yo no podríamos protegerles a todos –seguía mirándome atenta, supuse que esperaba un final feliz, así que debía dárselo para no entristecerla, aunque no sabía muy bien cómo hasta que se me ocurrió una idea. –Sin embargo, un día un hombre decidió volver a construir la piedra para que nadie más tuviera que pasar miedo y desde entonces no descansa buscando la manera de hacerlo.

-¡Hala! Ese hombre piensa igual que yo.

-Sí –volví a reír a carcajada limpia.

-¿Y cómo termina?

-¿Qué como termina? –esa pregunta me pilló desprevenido. –Pues... aún no ha terminado.

-¿No? Todas las historias de papá tienen un fin.

-Vaya... pues... –intenté pensar un final feliz pero que no fuese mentira y entonces recordé que mi padre también le ponía un final feliz que hasta ahora no había recordado. –El hombre estuvo mucho tiempo buscando una manera de construir la piedra, pero no encontró nada... Así que se unió a otros hombres que tenían el mismo objetivo y juntos empezaron a proteger el mundo como podían mientras encontraban la manera de construir la piedra.

Eso me hizo qué pensar, haber vuelto a recordar la historia entera como me la contaba mi padre me hizo darme cuenta de que ese hombre era él y que la gente con la que se unió formó la Agencia. Si era así, la Agencia en un principio existió para proteger a la gente. Solo era una teoría, pero si era cierta... No creía que darle más vueltas me diera una solución.

-¡Sigue sin tener final! –me sacó de mis pensamientos Emma.

-Pues tendrás que dárselo tú –dije curioso por qué haría ella.

-¡Sí! –empezó a pensar en su pequeña cabecita un final y habló. –El hombre murió protegiendo a sus amigos mientras buscaba construir la piedra pero le dejó el trabajo a su hijo, aunque... –me estaba dejando fascinado, estaba siguiendo la verdadera historia. –Él tampoco lo consiguió, pero le dejó el trabajo a su hija y ella sí lo consiguió.

¿Hija?, ¿se referiría a ella? Todavía no sabía para qué servía aquella piedra que tenía al cuello y me estaba empezando a entrar curiosidad. Había seguido la historia tal y como yo la había dejado y encima la había seguido de una manera que no me esperaba, y solo tenía cinco años, esa piedra guardaba un misterio.

-Emma, ¿me dejas tu piedra?

-Claro, ¿te ha gustado el final? –dijo quitándose la piedra y dándomela.

-Sí, es muy bonito. Me alegro de que tú termines el trabajo.

-¿Yo? –preguntó curiosa sin embargo justo me puse la piedra.

De pronto empecé a ver partes de mi pasado a gran velocidad: la muerte de mi madre, la muerte de mi hermano, cuando heredé la piedra, cuando conocí a Sez... las imágenes se sucedían y pasaban a gran velocidad, me estaba empezando a marear y estuve a punto de quitarme la piedra cuando vi una imagen que me impactó.

Era un sitio oscuro y había un cuerpo inerte en el suelo, pude ver el destello de una extraña piedra en un espejo y como alguien corría, la imagen se acercaba y pude ver el rostro de aquella persona, rápidamente me quité la piedra y me exalté.

Las imágenes se borraron de mi mente aunque se quedaron en mi memoria, estaba bastante afectado y Emma se me quedó mirando.

-¿Qué has visto, Fab?

-Yo... ¿qué he visto?

-Sí, cuando te pones la piedra, ves cosas... yo también las veo.

-Yo... –la imagen se volvió a repetir en mi cabeza, el cuerpo inerte era yo... pero no podía decírselo a Emma. ¿Iba a morir?, ¿qué era esa piedra? –No sé, estaba todo muy borroso.

-Sí, al principio todo es muy borroso, pero si te concentras puedes ver las cosas mejor. Yo vi como me venías a salvar, Fab. Sabía que estarías allí y por eso corrí hacia el canal, sabía que me salvarías.

Ahora todo encajaba, por eso la piedra le protegía, era una piedra de la videncia, podía ver lo que iba a suceder y lo que había sucedido, esa piedra era muy poderosa, ahora entendía porque la Agencia perseguía a Emma. Yo por mi parte estaba cansado, aquellas imágenes habían fatigado mi mente y necesitaba descansar.

-Bueno, ya mañana hablamos un poco más, ¿vale? Ahora hay que descansar.

Le di un beso en la frente la tapé con las sábanas y me levanté de la cama.

-No, no te vayas.

-¿Quieres que duerma contigo?

-Los hombres malos volverán y tienes que protegerme.

-¡¿Los hombres malos?! –me quedé perplejo. -¿Por qué no me lo has dicho antes?

-Porque pensé que te ibas a quedar conmigo como había visto.

Esa piedra era sin duda invaluable, era como la piedra de Sez pero sin la pérdida de energías, solo un poco de jaqueca, ver el futuro sin duda era una gran ventaja en cualquier guerra. Ver el siguiente paso del enemigo. Y yo que pensaba que el destino no se puede cambiar.

-¿Sabes cuando vienen?

-Esta noche... tú me proteges pero...

-¿Pero qué? –no me digas que...

-Acabas como papá...

La escena que acababa de ver, mi muerte, ella ya la había visto. Si me quedaba a protegerla moriría pero si no me quedaba, la cogerían. Quizá lo mejor irnos de allí, ¿era posible escapar del destino o lo que Emma había visto se iba a cumplir?

La cogí en brazos sacándola de la cama y salí corriendo hacia el salón.

-Toño, nos vamos.

-¿A dónde y por qué? –preguntó de repente asustado.

-Tú vuelve a la base, yo tengo que sacar a Emma de Italia, creo que la Agencia nos ha encontrado.

-¡¿Cómo?! –preguntó intrigado.

-Quizá nos han delatado tus amiguitos.

-Pero, ¿cómo lo sabes?

-La piedra de Emma, es la piedra de la Videncia, creo que he oído hablar de ella antes. –Hemos visto que vienen y se querían llevar a Emma, no quiero arriesgarme a pasar la noche en vela sin saber cómo ni por dónde atacarán. Vuelve a la base, mañana nos vemos.

-¿Y lo de Varsovia?

-No sé, ya lo pensaré más tarde. ¡Vete ya!

Toño se fue sin rechistar más y yo intenté pensar en un sitio donde escondernos, entonces se me ocurrió un lugar, quizá no era buena idea pero... que más daba. Me tele transporté a la casa de Sez.

En Grecia era una hora más tarde, quizá Sez estaba durmiendo. Aparecimos en el salón de su casa, estaba todo a oscuros, entonces Emma habló.

-¿Dónde estamos?

-Chss... Baja la voz. Estamos en casa de Sez –dije entre susurros.

-¿De tu amiga la que te trata mal? –bajó la voz siguiéndome el juego.

-Sí, esa –sonreí ante el comentario inteligente de la pequeña.

-¿Y qué hacemos aquí? A lo mejor es ella la que te mata.

-No, no creo. Me odia mucho pero nunca me mataría.

-¡¿Quien anda ahí? –se oyó una voz desde el pasillo y un ruido sordo que juré era el del seguro de una pistola.

-¡Soy yo, Fabrizio!

-¡Fabrizio! –gritó encendiendo la luz del salón y viéndonos a mí y a Emma en mis brazos en medio. -¿Qué haces...? –miró a Emma y se extrañó. -¿Qué hacéis aquí a estas horas? –bajó la pistola.

-Pues necesitábamos tu ayuda.

-¿Necesitábamos?, ¿quien es la mocosa?

-Fab –dijo en susurros. –Me ha llamado mocosa –Sez la miró de reojo.

-No le hagas caso –le devolví el susurro. –Es una Stoner.

-¿Una niña? –preguntó incrédula.

-Es una historia muy larga, pero no te lo vas a creer. Tiene la piedra de la Videncia.

-¿De la videncia?

-Sí, con ella puedes ver lo que ha pasado y lo que está por pasar.

-Sí, y Fab y yo hemos visto que va a morir y queríamos que nos protegieses como los hombres del cuento.

-¿Fab?, ¿qué dice?

-Fab es como me llama, es más corto que Fabrizio, es una niña. Es cierto, he visto mi muerte. Bueno, ya sé que me quieres muerto, pero pensé que quizá podrías ayudarnos.

-No te quiero muerto, Fab. Deja de decir sandeces. ¿Y cómo queréis que os ayude? –dijo alejándose y guardando la pistola en un mueble, entonces en toda la conversación me di cuenta de que llevaba el mismo camisón que la otra vez.

-Pues... tú tienes la piedra del Tiempo, estaba pensando que...

-¿Quieres hacer de cebo? –me cortó.

-¿Qué es un cebo, Fab? –preguntó curiosa Emma.

-Calla un momento –no me di cuenta de que cuando Emma y Sez estaban juntas, no podía evitar mostrar más atención a la última. –No me queda otra opción, ya estoy harto de huir. Quiero saber quienes son y qué quieren.

-Ya sabes lo que quieren, Fabrizio. Nuestras piedras.

-Pero quiero hablar con uno de sus líderes e intentar, no sé, negociar.

-Mira, Fabrizio, ellos tienen el poder, ellos ponen las normas. No puedes negociar con ellos, solo quieren las piedras y nos las arrebatarán si hace falta con nuestra muerte, la visión lo explica todo. Mi padre es uno de ellos y ni con él puedo negociar.

-Es por eso... Porque nuestros padres han pertenecido a la Agencia, tiene que haber una explicación para todo.

-No, Fabrizio. Solo quieren poder, dominar el Mundo, no hay más. Despierta.

Era imposible intentar convencerla, puede que mi padre fuese un cabrón y un poco egoísta, pero no le veía capaz de matar a su propio hijo para quitarle la piedra, así que dudaba que el padre de Sez sería capaz de matarla por lo mismo.

-Bueno, ¿me ayudarás o no? –concluí viendo que era imposible convencerla.

-¿Qué tengo que hacer? –preguntó abatida.

-Quiero volver a Italia y esperar a que lleguen, supongo que me matarán y...

-¡Espera, espera, espera! ¿Quieres que te maten?, ¿has perdido la cabeza?

-No, ahí es donde entras tú, me salvas, les damos una paliza y les hacemos cantar. Además, hoy me he enterado de que están construyendo una piedra que puede anular el poder de las demás, si es así necesitamos más información.

-¿Una piedra que anula el poder?, ¿y cuándo ibas a contármelo?

-Bueno... es que después de lo de la otra vez... no sabía si... –intenté excusarme.

-¿No sabías si qué?, estás aquí, ¿no?

-Y te lo estoy contando, ¿no? –le reproché.

Cada vez me entraba más en la cabeza que no podíamos estar juntos, a veces se ponía insoportable, ¿tener que aguantar eso todos los días? ¡Ja! Antes me suicido.

-Quería ir mañana a la fábrica para sabotearla, pero entonces ha ocurrido todo esto.

-Pues olvídalo, Fab y vamos a esa fábrica. Esa piedra es lo único que debería preocuparte, aquí en mi casa estáis fuera de peligro. Dormimos aquí felices toda la noche y mañana destruimos esa fábrica antes de que la líen, ¿OK?

-OK –dije derrotado.

Nunca me hacía caso, era como hablar con la pared o quizá era yo la pared, en cualquier caso había accedido a destruir la fábrica y la piedra antes que descubrir quien quería la piedra de Emma y eso era lo que iba a hacer, esa mujer me podía.

-Bien, pues vamos a descansar para mañana, por cierto, ¿la niña se viene o se queda?

-No me llamo niña –le dijo a Sez desafiante.

-Chsss, no te metas con ella –dije antes de que empezara un duelo de arpías con ambas mirándome mal por estar en medio.

-La dejaré mañana con Toño en Venecia, ahora lo mejor será que durmamos.

-Perfecto, ahí tenéis el sillón, yo me voy a la cama -y tan ancha como se quedó al decirlo se fue.

-No entiendo como la soportas –dijo Emma cuando Sez desapareció a lo que yo respondí encogiéndome de brazos.

-Bueno, vamos a dormir enana, a ver yo debajo y tú encima –dije tumbándome en el sillón mientras la dejaba en el suelo.

-¿Y cómo es eso?

-Pues como ves, soy muy grande, Emma y ocupo todo el sillón, así que yo me tumbo primero y tú te tumbas encima mía –intenté explicar lo mejor que pude.

-Prefiero dormir en el suelo –dijo un poco despectiva.

-Oye, que estoy blandito.

Me miró mal y a regañadientes se dejó coger para que la tumbara encima de mí abrazándola.

-¿No ves como no se está tan mal?

-Como me caiga te tiro...

-Calla y duerme –y así nos empezamos a quedar dormidos poco a poco hasta que caímos en los brazos de Morfeo.

Nos despertó el sol matutino, a ella primero y pegándome una patada en la espinilla yo el segundo.

-¡Aah! –grité un poco dolorido.

-Lo siento –dijo en voz bajita. –No despiertes a Sez que nos mata.

-Ya estará despierta, es todo una madrugadora.

-¡Vamos, dormilones! –apareció Sez desde la cocina con unos cuantos bollos en una bandeja. –Comed, que nos vamos.

-Qué buena pinta –dijo Emma cogiendo toda la bandeja y sentándose en el sillón pues ahora había dejado un hueco libre al enderezarme.

-¿Puedo coger uno? –le pregunté de reojo a Emma que parecía un tiburón comiendo al que no había que molestar.

-Pero solo uno –replicó con la boca llena aunque se le entendió muy bien.

Y dándome un poco igual cogí nada más uno de los bollos dejándole los demás a la glotona, la verdad es que estaban muy ricos, pude entenderla. Además, no quería tantas calorías que luego tenía que quemarlas.

-Voy a vestirme –añadió Sez que nos estaba viendo comer desde la puerta- cuando baje nos vamos, así que deja al moco con tu sirviente.

-¡No soy un moco!

-¡Ni Toño es mi sirviente!

-Me da igual –dijo con cara de que le daba totalmente igual- ya me habéis oído.

Y volvió a irse como si no le importara en absoluto lo que tuviésemos que decir.

-Cada vez me cae peor –dijo Emma cabreada.

-Te acostumbrarás –añadí.

-¿Acostumbrarme? Esta es la última vez que la vemos.

-Sí, sí –dije poniéndome los zapatos y cogiendo los suyos y a ella en brazos y me tele transporté a la base en Venecia. -¡Toño, despierta, que te quedas con el piojo éste!

-¡Que no soy un piojo!

-¿Jefe?, ¿qué horas son? –dijo medio adormilado.

-Ups, lo siento, olvidé que aquí es más pronto. Te dejo al monicaco para que le cuides, Sez y yo vamos a deshacernos de la piedra esa.

-Claro, jefe –dijo terminando de desperezarse.

Luego me agaché dejando a Emma en el suelo y le di un beso en la frente.

-Pórtate bien, ¿vale? Estaré aquí en un plis.

-No, no vendrás... –dijo dejándome estupefacto.

-¿Has visto algo, Emma? –pregunté asombrado.

-No vas a volver –se entristeció.

-¿Qué has visto, Emma? Dímelo.

-Solo eso, que si te vas con Sez, no volverás. Te voy a echar mucho de menos, Fab.

-Cariño –dije abrazándola- no voy a permitir que esos estúpidos me hagan nada, ¿me crees, verdad?

-No vas a volver, Fab –volvió a afirmar.

¿Acaso ese sería mi fin?, ¿no podría volver de aquella misión, ya estaba decidido? El destino había hablado a través de la piedra de Emma y ya no había escapatoria, si iba con Sez moriría, ¿sería un cobarde y dejaría ir sola hacia la muerte a la mujer que amaba?

-Emma, yo... No puedo dejar ir sola a Sez y ella irá le diga lo que le diga.

-Lo sé. Y lo entiendo, por eso no te estoy pidiendo que te quedes, pero tenía que despedirme de ti ya que no pude hacerlo de mi papá ni de mi mamá.

Eso me partió el alma en dos y una traviesa lágrima se me escapó y volví a abrazarla para que no pudiera verla.

-No quiero despedirme de ti, Emma –dije abrazándola aún más fuerte. -¿No puedes ver más o darme una pista? Lo que sea, cariño. Quiero volver a verte.

-Lo siento, Fab –dijo finalmente llorando. –No puedo ver nada de lo que pasa allí, solo sé que no vas a estar después.

¿No podía ver nada en la fábrica?, ¿quizá significaba que la piedra ya estaba activada? Si era así al menos era la suficiente pista para sobrevivir, ahora iríamos precavidos.

-Lo siento, pero tengo que irme –dije despegándome de ella y limpiándole las lágrimas, la mía ya se había secado. –Pero te juro, que aunque tenga que volver del Infierno, volveré a verte, confía en mí.

Le volví a dar un tierno beso en la frente y me volatilicé a la casa de Sez donde parecía llevar un tiempo esperando.

-¿Qué hacías? –parecía indignada.

-Nada que la mujer de hielo pueda entender –me sentí ofendido y se lo hice ver.

-Bueno, perdona, ¿nos vamos?

No querría darle más vueltas así que me acerqué a ella y tocándola ligeramente del hombro para que no hubiese reproches nos tele transporté a la calle en la que se encontraba la fábrica de Varsovia.

Aquello era una especie de zona alejada de la ciudad como un polígono industrial, la fábrica parecía fuertemente blindada y protegida, con dos guardias en cada puerta pero nada imposible para los controladores del Tiempo y el Espacio.

-Bueno, ¿cómo entramos? –preguntó Sez.

-Creo que esto es trabajo tuyo –respondí tras pensarlo un poco- sabes que no puedo tele transportarme sin ver a donde vamos, podría ser fatal.

-Ya, ya. Siempre me toca a mí.

Se levantó mientras yo ponía cara de desacuerdo ante su comentario y se acercó a los guardias, pareció seducirles o algo así y en cuanto tuvo ocasión: ¡Zasca, Zasca! Les derribó a golpes, sin duda no quería estar en sus pellejos. Me hizo una señal para que me acercara y quitándole la tarjeta llave a uno de los guardias abrió la puerta.

-Te has fijado en que hay cámaras, ¿no? –dije señalándosela.

-¿Te crees que soy ciega? –me reprochó. –Pero da igual, lo difícil era entrar y ya estamos dentro, deja de quejarte.

Nos introducimos en la fábrica a sabiendas de que nos estarían esperando y tras cruzar dos pasillos llenos de puertas que no nos seducían llegamos a una enorme sala con cintas transportadoras, camiones y todas esas cosas que tenían las fábricas.

-¿Cintas transportadoras? –pregunté más al aire que a Sez. -¿Es que van a crear muchas piedras?

-No, idiota –me contestó de malas maneras. –Pero tienen que dar el pego para que parezca una fábrica normal, serán poderosos pero recuerda que quieren estar escondidos.

Di dos pasos más adelante y de repente Sez se me vino encima tirándome al suelo detrás de una columna, oí un ruido sordo de un balazo que por las pintas, hubiese dicho que yo era el objetivo. Cuando me giré a Sez para darle las gracias la vi un tanto blanca, como si hubiese visto un muerto.

-Creo que esto deberías preguntármelo tú, pero ¿estás bien?

-Sí, es que... por poco te veo muerto –volvió a centrarse en la misión y asomó la cabeza. –Creo que tenemos visita de un viejo amigo –me miró a los ojos. –La pelo moco está aquí.

¿La francotiradora? Me costaba creer que hubiera fallado un tiro tan fácil, ¿cómo se habría dado cuenta a tiempo Sez? A no ser que... no quería pensar en ello.

-Eso es malo. Sez, Emma me dijo que cuando llegábamos aquí no podía ver nada de lo que pasara, quizá la piedra ya esté activada o estén a punto de activarla.

-Creo que lo segundo. Algo me dice que la pelo moco aún tiene la puntería suficiente para darnos desde donde esté, tenemos que preparar algo.

-No te muevas de aquí –dije haciéndome el héroe. –Voy a dejarla K.O.

-¡No! –me paró a tiempo Sez. –No sabes que puede haber ahí arriba, lo mismo te están esperando. Recuerda que saben quienes somos y qué somos capaces de hacer.

-¿Y qué propones? –dije un poco indignado.

-Yo... He perfeccionado un poco la habilidad de parar el tiempo. Puedo parar el tiempo sin que afecte a las personas que están más cerca de mí, pero me deja muy débil, una vez paralice el tiempo entonces podrás ir a darles su merecido, pero tienes que ser rápido, ¿vale?

-Hecho, hazme la señal.

Sez se empezó a concentrar entonces, íbamos contrarreloj, aquella puta del pelo verde no necesitaba tenernos a tiro para dispararnos, se le daban muy bien los rebotes. Pero entonces algo extraño pasó, un aura se extendió desde Sez por todas partes y sentí como si mi cuerpo se ralentizase durante un segundo y luego volviese a recuperarse, debía de haber parado el tiempo ya y así fue porque Sez me hizo la señal, no parecía poder hablar, quizá tenía que mantener la concentración.

Salí del escondite y pude ver a lo lejos desde una pasarela a la pelo moco, totalmente paralizada a punto de dispararnos, me tele transporté justo a su lado y pude ver como el pasillo que había detrás de ella estaba lleno de guardias, si me hubiese tele transportado antes me hubiesen fusilado. Suerte que Sez podía prever esas cosas.

Empecé a soltar mamporrazos a diestro y siniestro a todos los guardias y cuando terminé pude ver como todos caían al suelo inconsciente. Eso me dio muy mala espina y justo cuando me di la vuelta pude ver a la pelo verde recuperándose. Mi sorpresa le alarmó y se dio la vuelta para dispararme aunque hice un último tele transporte para ponerme a su lado y meterle un rodillazo en la cabeza que la dejó al mismo destino que sus compañeros. Le quité todas las balas del cargador y de la chaqueta por si las moscas y volví junto a Sez que estaba en el suelo a penas pudiendo controlarse.

-¡Sez! –exclamé alarmado.

-¿Lo has hecho? –simplemente preguntó.

-Sí, ya tenemos el camino libre. ¿Estás bien?

-No. Creo que he abusado, demasiado tiempo.

-Ha sido mi culpa –bajé la cabeza. –Tenía que haber sido más rápido.

-Has sido bastante rápido –dijo ella satisfaciéndome. –Pensé que podría durar más tiempo, no voy a poder acompañarte.

-No puedo dejarte aquí tirada –le dije indignado.

-No tienes tiempo para llevarme a cuestas, Fabrizio. En cualquier momento vendrán los refuerzos.

-¿Y quieres que te deje aquí tirada a la espera de tu muerte?

-Fabrizio, sabíamos que habría sacrificios si veníamos aquí, estoy dispuesta a pagar mi vida si destruyes esa piedra.

-¡Pues yo no! –grité enfadado, no podía creer que pensase que iba a dejarla morir allí como si no me importase.

-Por favor, Fabrizio, no empieces con tus tonterías.

Entonces se me ocurrió una idea, me quité la piedra y se la di a Sez. Sin duda esto era por lo que no volvería a ver a Emma. Sería yo el que se quedaría allí.

-¡¿Qué haces?!

-Cuando veas que la cosa se pone peor sal de aquí. Espero que sepas como funciona.

Me levanté y me despedí de ella mientras salía corriendo de nuevo hacia la pasarela.

-¡No, Fabrizio, vuelve, no! –gritó desesperada.

Sus gritos ya se oían en la lejanía para cuando subí la escalerilla y atravesé el pasillo lleno de guardias, allí vi la piedra en un pedestal recibiendo una especie de descargas de energía que supuse era lo que le estaban empezando a dar poder.

-Vamos, Sez. Sal de aquí antes de que se ponga en funcionamiento –dije en bajito para mí. Qué locura estoy haciendo.

Me acerqué a la piedra y empecé a mirar el panel de control a ver como funcionaba, buscando un sistema de auto destrucción o algo así, sin embargo me quedé a medias cuando un fuerte palazo me golpeó en el costado y caí de lado. Me giré delicadamente y pude ver a la pelo moco que me había golpeado con su rifle.

-Has sido muy inteligente al dejarme sin balas, pero fui entrenada en el arte de usar un rifle para matar. Con munición o sin ella.

El palo había sido doloroso, podía arriesgarme a decir que aquella desgraciada me había roto alguna costilla, sin duda era fuerte y tal y como me encontraba ahora sería difícil abatirla.

-Atacando por la espalda –tosí sangre. –Qué poco ético.

-¿Es que no pensabas darle ventaja a una dama?

-Claro –volví a toser sangre. –Tenía pensado vencerte con una mano atada a la espalda.

-Ja, me parto de risa –dijo acercándose y propinándome una fuerte patada en las costillas algo que seguramente me rompió alguna que otra más.

Me estaba retorciendo en el suelo mientras veía como poco a poco mi objetivo se estaba perdiendo, no iba a permitir que mi sacrificio fuese en vano. No iba a dejar a Sez tener que terminar mi trabajo después de haberla dejado así.

-¿No es maravillosa esta piedra? –dijo la pelo verde acercándose al panel.

-Más que tú, seguro –tosí sangre una vez más.

-Ja, eres sarcástico hasta al borde de la muerte –se mofó de mí. -Qué héroe. Pero ya da igual, porque está a punto de terminarse y pronto la Agencia acabará con todos vosotros, endebles.

Me levanté a duras penas, aprovechando que la pelo verde estaba en sus aires de grandeza y la plaqué justo cuando terminó su patético discurso haciendo que se golpeara la cabeza contra el suelo.

-Yo también te quiero –dije para devolverle la gracia.

Y rápidamente me puse a manipular el panel, encontré el programa de autodestrucción y lo activé en... ¡Zas! La perra del pelo verde volvió a golpearme con el rifle haciéndome astillas otras tantas costillas mientras caía al suelo.

-Idiota, ¿pensabas que activando el sistema de autodestrucción no me daría tiempo a desactivarlo?

Sonreí mientras se acercaba de nuevo al panel para manipularlo y satisfactoriamente, pude ver como su rostro palidecía.

-¡¿Cinco segundos para la auto destrucción?!

-Jódete, zorra.

Cuatro...

Adiós, Sez.

Tres...

Adiós, Emma.

Dos...

Ha sido un placer haberos conocido, mis dos mujeres.

Uno...

-Supongo que este es mi final -volví a sonreír como un idiota a punto de morir mientras veía a la pelo verde desesperada por desactivar la auto destrucción.

¡BUUUUUUUUUUUM!

Admin
Admin

Masculino Cantidad de envíos : 54
Edad : 30
Fecha de inscripción : 01/04/2008

Ver perfil de usuario http://thecursedstones.foroes.org

Volver arriba Ir abajo

Re: TCS

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.